Mientras la inteligencia artificial redefine nuestra economía y mercado laboral, expertos advierten sobre un efecto menos visible: la erosión del discernimiento, la creatividad y la capacidad de tomar decisiones. Un estudio de BCG alerta que estas competencias podrían convertirse en un nuevo “capital escaso” en las organizaciones. Sobre este tema fue entrevistada por el diario El Mercurio, la directora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente, Dra. Anneliese Dörr.
El uso cada vez más extendido de la inteligencia artificial está transformando la manera en que las personas estudian, trabajan y toman decisiones. Sin embargo, junto con sus beneficios, una utilización excesiva de estas herramientas podría afectar el desarrollo y ejercicio de capacidades humanas fundamentales, como el pensamiento crítico, la creatividad y el juicio.
Así lo plantea un estudio realizado por Boston Consulting Group (BCG), que encuestó a 70 líderes y ejecutivos senior de distintas industrias a nivel global. La mitad de los participantes considera que habilidades como el pensamiento estratégico, la capacidad de realizar juicios, el entendimiento de problemas y el pensamiento creativo se están erosionando progresivamente y siendo reemplazadas por el uso excesivo de la IA. Más del 60%, además, cree que este fenómeno aumentará durante los próximos cinco años.
Pero el desafío no se limita al mundo laboral. La infancia y la adolescencia son etapas fundamentales para la construcción y reorganización de capacidades que posteriormente permiten a las personas desenvolverse de manera autónoma.
“Aunque la toma de decisiones, el juicio, el pensamiento crítico y la creatividad pueden analizarse por separado, en realidad forman parte de un mismo proceso de desarrollo cognitivo, emocional y social”, explica la Dra. Anneliese Dörr, directora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.
Sin embargo, estas capacidades no surgen de la nada: requieren de una base construida durante la infancia. Para cuestionar una información, primero hay que disponer de conocimientos suficientes sobre aquello que se está evaluando. Por eso, son funda mentales la escolarización, lectura, conversación familiar y exposición a perspectivas diversas.
“Pensamiento crítico no significa simplemente desconfiar o tener una opinión, sino ser capaz de contrastar información, fundamentar un juicio y revisar incluso las propias ideas”, enfatiza la Dra. Dörr. Algo semejante ocurre con la creatividad: “Crear implica precisamente atreverse a combinar lo conocido de una manera nueva, probar, equivocarse y volver a intentar. Por eso, infancia y adolescencia son etapas tan sensibles: en ellas no solo se adquieren conocimientos, sino que se aprende progresivamente a pensar, decidir, juzgar, imaginar alternativas y hacerse responsable de las propias elecciones”, señala la académica.
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