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[PRENSA] Ketamina, la madre del tusi

El auge del consumo de ketamina y su presencia en el llamado “tusi” plantea serios desafíos para la salud pública, debido a sus efectos poco conocidos y el bajo acceso a tratamientos. De este tema habló nuestra psiquiatra y académica, Dra. Danissa Alé, en la sección “Efecto Placebo” del diario electrónico El Mostradordestacando la urgencia de generar evidencia local y fortalecer la respuesta del sistema de salud.

La ketamina se considera una droga emergente, aunque lleva más de 50 años en los mercados. Pero ahora ha resurgido, porque es parte de un brebaje llamado tusi.

La ketamina está doblemente de moda por estos días: gracias a los exfuncionarios de la Fach que fueron sorprendidos con 4 kilos de esta sustancia, y porque es el componente principal del tusi, la droga que la lleva en el último tiempo. Así, la ketamina es la madre del cordero, más bien del tusi. Eso explicaría su “popularidad”. ¿Pero qué se sabe del costo que puede provocar la droga a nivel social y personal? La verdad es que se sabe poco.

Casi medio millón de muertes y 28 millones de años de vida saludable se perdieron por discapacidad y muertes prematuras en 2021. Se calcula que solo 1 de cada 12 personas con trastornos por consumo de drogas recibió algún tipo de tratamiento en 2023.

Factores como las políticas públicas contextualizadas y la disponibilidad de servicios de salud y sociales basados en la evidencia pueden ayudar a mitigar el impacto del consumo de drogas en las personas y las comunidades.

En la última semana de junio se presentó el informe mundial sobre las drogas 2025 de UNODC, cuya premisa es que la inestabilidad mundial agrava el impacto social, económico y en seguridad del fenómeno de la droga.

Los trastornos por consumo de drogas representan un costo enorme para las personas, las comunidades y los sistemas de salud. “El creciente alejamiento del multilateralismo y la reasignación de recursos podrían intensificar el problema”, señala el informe.

“Esta edición del Informe Mundial sobre las Drogas muestra que los grupos delictivos dedicados al tráfico de drogas continúan adaptándose, explotando las crisis y teniendo en la mira a las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad”, dijo la directora ejecutiva de UNODC, Ghada Waly. “Debemos invertir en prevención y abordar las causas raíces del tráfico de drogas en todas las etapas de la cadena de suministro”, agregó.

En 2023, cerca de 316 millones de personas consumieron alguna droga (excluidos el alcohol y el tabaco); es decir, 6% de la población mundial entre 15 y 65 años, frente al 5.2% en 2013. Con 244 millones de usuarios, el cannabis continúa siendo la droga más utilizada, seguido de los opioides (61 millones), las anfetaminas (30.7 millones), la cocaína (25 millones) y el éxtasis (21 millones). Los nuevos grupos de personas en situación de vulnerabilidad que huyen de la inestabilidad y el conflicto podrían hacer que estas cifras se incrementen, advierte el Informe.

La droga ilícita con mayor crecimiento de mercado es la cocaína. La producción ilegal se disparó en 2023 a 3.708 toneladas, casi 34% más que en 2022. Las incautaciones mundiales alcanzaron un récord de 2.275, lo que supone un aumento de 68% con respecto a 2019-2023. El consumo creció de 17 millones de usuarios en 2013 a 25 millones en 2023.

Aunque es menor ante estas cifras, el mercado de drogas sintéticas se expande velozmente a nivel mundial, debido a los bajos costos de operación y reducidos riesgos de detección en las rutas de tráfico. Predominan los estimulantes de tipo anfetamínico (ETA) como la metanfetamina y la anfetamina (incluido el captagón). Las incautaciones de ETA alcanzaron un máximo histórico en 2023 y representaron casi la mitad de las incautaciones globales de las drogas sintéticas, seguidas de los opioides, incluido el fentanilo. La ketamina es un tema aparte.

Tusi y ketamina

Dra. Danissa Alé, psiquiatra y académica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente de la U. de Chile y del Hospital del Salvador.

La ketamina se considera una droga emergente, aunque lleva más de 50 años en los mercados. Pero ahora ha resurgido, porque es parte de un brebaje llamado tusi.

Su nombre es una traducción fonética de “2C”, una serie de fenetilaminas psicodélicas que surgió en los últimos años en Latinoamérica, Europa y ahora está empezando a adquirir popularidad en Estados Unidos. A veces, el brebaje se conoce como “tusibi”, una traducción fonética de 2C-B, una droga común de la serie 2C.

Pero el tusi es básicamente ketamina. Los orígenes y descripción de la ketamina están en el artículo de Efecto Placebo del 8 de mayo pasado.

A pesar de las noticias recientes centradas en el uso de tusi, hay una escasez de literatura científica que se centre en este nuevo brebaje. Y en eso coinciden los investigadores. Un artículo escrito por el académico del Departamento de Salud de la Población, Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, José Palamar, señala que el tusi ha comenzado a complicar el panorama de las drogas, debido a la confusión sobre qué contiene y cómo evaluar e informar su uso en entornos de investigación. “La mayoría de los estudios de verificación de drogas que informan sobre su contenido se han hecho en América Latina, donde el brebaje parece más popular”, dice.

Y detalla: “Los estudios típicos no han encontrado que tusi contenga 2C/2C-B, sino más bien ketamina combinado con MDMA, metanfetamina, cocaína, opioides y/o nuevas sustancias psicoactivas. De hecho, un estudio realizado en Chile encontró que el 99% de los envíos que supuestamente contenían 2C, contenían ketamina, y 1% contenía drogas reales de la serie 2C”, explica.

En Chile, el uso de la ketamina está regulado como anestésico, hipnótico y se utiliza en salud humana y veterinaria. Hasta hace unos años, una de las fuentes favoritas para abastecer el mercado eran los asaltos a las clínicas veterinarias.

La psiquiatra, académica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente de la U. de Chile y del Hospital Salvador, Danissa Alé, está investigando sobre las drogas ilícitas emergentes en nuestro país en un estudio llamado “Patrones, contextos y percepciones sobre uso de tusi en una muestra de personas con consumo reciente”, donde la investigadora principal es la doctora Viviana Miño y cuenta con financiamiento del Núcleo Milenio para la evaluación y análisis de políticas en drogas.

Las sustancias emergentes, que son principalmente drogas sintéticas, son un fenómeno muy dinámico que cambia rápidamente y al que, por tanto, es difícil seguirle la pista desde el punto de vista de la salud pública. La última estadística del Senda hablaba de que la prevalencia de drogas sintéticas –que es un paquete grande, donde se podrían poner la ketamina y el tusi– era alrededor del 1% en adultos jóvenes. Pero hay que tener en cuenta que existe el policonsumo.

Además, hay una muy baja percepción del riesgo. “Uno les pregunta a los pacientes y no saben lo que están ingiriendo. Se ha masificado su uso y eso engaña o hace sentir que no es algo peligroso, que no hay mayores consecuencias”, advierte la psiquiatra.

Por el contrario, es incluso más difícil predecir cuáles van a ser los impactos. “Por ejemplo, en el caso del tusi, cada dosis es distinta, porque depende de cómo se cocinó. Si tiene más cocaína, heroína… Hay un gran desconocimiento y una invisibilidad y no se puede prever cuál será el efecto que adquiere cada consumo, porque es como una droga nueva cada vez”.

Impacto en los sistemas de salud

El consumo de drogas sin duda sobrecarga los servicios de urgencia, tanto de urgencias psiquiátricas como generales, porque es donde llegan las personas en estado de agitación o intoxicación.

“Hay una sobrecarga y demanda en la urgencia por eventos que podrían ser prevenibles, porque estas situaciones ocurren por el consumo de drogas. Y por otra parte, también se está viendo que los pacientes no solo consultan en la urgencia, también acuden a dispositivos de salud mental, en particular por rehabilitación o tratamientos de adicciones”, explica Alé.

Agrega que, más allá de la urgencia, hay un impacto menos visible, que sobrepasa la salud mental, la adicción o los trastornos neuropsiquiátricos.

“Existe una asociación bien importante entre consumo de ketamina y daño hepático, daño renal, problemas urinarios graves como un cuadro de vejiga ulcerada. Son lesiones por la ketamina y eso genera impacto a nivel genitourinario. O sea, habría que buscar si los urólogos están recibiendo casos de este tipo”, consigna.

Por otra parte, también tiene impacto neurológico, porque disocia el funcionamiento cerebral. Entonces, se ven alteraciones de conciencia, trastorno en la marcha, alteración en las funciones cognitivas.

Reportar estadísticas es muy complejo. La primera razón es que la ketamina puede administrarse sola, pero también es un componente muy usado en el tusi, que es un cóctel de muchas drogas juntas y que en Chile está de moda.

Son datos difíciles de recoger y, además de esto, siempre hay un retraso: hoy en día puede estar en la calle, pero de ahí a que el sistema empiece a preocuparse y busque evidencia, hay una especie de delay o retraso importante.

“Este es un fenómeno que no es del todo lineal. Siempre hay una brecha metodológica, entre que se recopilan los datos y se procesan. En las drogas emergentes se da un fenómeno caleidoscópico, dinámico: se ponen de moda, luego salen del mercado, les cambian el nombre, es muy difícil seguirles la pista”, señala la psiquiatra Danissa Alé.

Fuente: Silvia Peña Pinilla, editora Efecto Placebo, El Mostrador


Por: Comunicaciones Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente
Publicado el 14/07/2025