En la Edad Media el “ars moriendi” era un continuo del “ars vivendi”, o arte de vivir. Cuando la expectativa de vida era muchísimo menor a la actual, cuando los hijos que llegaban a la adultez eran menos que los nacidos vivos, la muerte era parte de las familias y del devenir cotidiano. Hoy casi es un traspié indeseable en la atención médica, institucionalizada y evitada hasta el ensañamiento; convierte a la tristeza en algo por tratar con pastillas, al luto en un sentimiento con días hábiles de duración y al hablar de ella en un privilegio sólo de quienes decidirán por otro. Pero en una facultad que forma a quienes cuidan la salud, crece el espacio para que morir vuelva a ser un buen final.
Respecto a este tema, la Dra. Anneliese Dörr, directora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, participó como entrevistada en el artículo “Recuperando el arte del buen morir”, publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, que aborda la necesidad de avanzar hacia una comprensión más humana e integral de los procesos de fin de vida.

Dra. Anneliese Dörr, directora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente, Facultad de Medicina, Universidad de Chile.
En la publicación, nuestra académica reflexiona sobre los cambios culturales que han transformado nuestra relación con la muerte y señala que, si bien los avances de la medicina han permitido prolongar considerablemente la vida, también han contribuido a desplazar el proceso de morir desde el ámbito cotidiano y familiar hacia espacios cada vez más institucionalizados y tecnificados.
A partir del concepto histórico del ars moriendi o “arte de morir”, la Dra. Dörr plantea la importancia de recuperar el acompañamiento y el vínculo humano durante el final de la vida. En este contexto, enfatiza que acompañar a una persona implica también respetar su autonomía y evitar que experimente una “muerte social” antes de la muerte física, manteniendo su condición de persona, sus vínculos y su capacidad de tomar decisiones.
Asimismo, destaca que el acompañamiento no necesariamente requiere de palabras: puede expresarse mediante la presencia, el contacto o incluso el silencio. Desde esta perspectiva, advierte que hablar de un “buen morir” no debe convertirse en una exigencia ni en una idealización de la muerte, sino en la posibilidad de respetar la experiencia particular de cada persona, incluidos sus temores, tristeza y angustia.
“En el fondo, el desafío actual es volver a hacer del morir una experiencia que sea humana, que considere su biografía y sus relaciones y que no sea solamente un acontecimiento médico”, señala la directora de nuestro Departamento en el artículo.
La nota también recoge las reflexiones de la profesora Claudia Collado, directora del Grupo Transversal de Fin de Vida y Muerte de la Facultad de Medicina, y del Dr. Andrés Perry, académico del Departamento de Bioética y Humanidades Médicas, en torno a los cuidados paliativos, la toma de decisiones y la formación de los profesionales de la salud.
Lee la entrevista y el artículo completo “Recuperando el arte del buen morir” en el sitio web de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.