NUESTRO ESTUDIO
Un estudio[5] realizado por nosotros, evaluó de manera comparativa a jóvenes escolares fumadores exclusivos de marihuana versus no consumidores de ninguna sustancia. Nos interesó que sólo consumieran marihuana y no otra droga, que jamás hubieran presentado antecedentes de consumo ni consultado a un especialista por problemas de adicción. En definitiva, escolares que no constituyeran aún un problema de salud pública. Se consideró consumidor al alumno que declarara un mínimo de cuatro episodios de consumo exclusivo de cannabis durante el último mes, con una habitualidad mínima de 18 meses. Los jóvenes pertenecían a diferentes realidades socioeconómicas, se tomaron adolescentes provenientes de la educación pública, subvencionada y particular. A todos se les aplicó encuestas de salud, se revisaron sus informes de notas, se les aplicaron tests de inteligencia y pruebas neuropsicológicas que median atención, memoria y concentración.
Las diferencias entre el grupo de control (no consumidores) y el de consumidores fueron muy significativas. Al comparar los test con las imágenes cerebrales (Neurospect) que se tomaron de esos mismos niños, los resultados mostraron que la mayoría de los escolares consumidores presentó una anormalidad en la zona relacionada con la motivación, planificación e iniciativa, lo que se traducía en la práctica en conductas tales como: jóvenes desmotivados, sin interés de seguir estudiando ni de terminar los proyectos que empezaban. También se encontró áreas que estaban extremadamente alteradas en la zona que se relaciona con el procesamiento de la información.
Hay que precisar que los resultados también mostraron diferencias individuales. Si bien todos mostraron anormalidades, los efectos en cada uno podían diferir en cuanto a la magnitud de la zona que se veía afectada, dando cuenta de una susceptibilidad individual. Sin embargo, se encontraron patrones comunes: múltiples áreas absolutamente desorganizadas, tanto en el lóbulo frontal como en los temporales, parietales, occipital y en el cerebelo, área que tiene que ver con la coordinación motora, de ahí la relación entre accidentes de tránsito y consumo de marihuana.

Imagen de cerebro adolescente no consumidor y consumidor. A la izquierda, la corteza cerebral bajo parámetros normales. A la derecha, la corteza de un consumidor: los tonos azul, celeste y verde agua evidencian irrigación deficiente en distintas zonas, producto del consumo sostenido.
Finalmente, nuestros resultados confirmaron lo que la literatura internacional ya había demostrado: que las áreas relacionadas con el aprendizaje, memoria y ánimo, se veían afectadas con el consumo de marihuana.
Este estudio fue el primero realizado en una población no consultante, por ende, en jóvenes invisibilizados, que no se considera que tengan aún un problema de salud. Fuera de los datos duros, lo más relevante fue constatar que los jóvenes escolares no tenían idea del daño que se estaban haciendo, comprobando la baja percepción de riesgo asociada al consumo. El escenario era bastante peor de lo que habíamos imaginado.
Creo que este estudio tiene el mérito de haberse anticipado a una situación que comenzó a hacerse cada año más grave y que nos tiene hoy ostentando el record mundial en consumo escolar, lo que –en los distintos estudios revisados– se ha relacionado con la disminución en la percepción de riesgo.
Al respecto, el estudio realizado en Chile por SENDA (2016), da cuenta de que la percepción de riesgo ha disminuido exponencialmente en los últimos diez años. De esta forma, la percepción de riesgo por consumo “experimental de marihuana” llega al 28,9%, esto es 13,6 puntos porcentuales menos que en 2006. Mientras que el riesgo percibido por “consumo frecuente”, para el mismo período, ha bajado de un 90,3% a un 64,9%. De acuerdo a los diversos estudios internacionales mencionados, estos datos pudieran relacionarse con otro hallazgo registrado por SENDA, respecto al “promedio de días de consumo de marihuana en el último mes” en población de 12 a 18 años, el que en 2016 era de 10,5, comparado con 7,2 en 2006, demostrando así un aumento significativo.
REFERENCIAS