Logo

NOTICIAS

Consumo de marihuana y daño cerebral en escolares chilenos: el estudio científico pionero

Columna de opinión escrita por la directora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente, Dra. Anneliese Dörr, y publicada en medio electrónico Ciper

Cuando avanza el proyecto para legalizar el cultivo de marihuana con fines medicinales, esta columna de opinión presenta resultados de diversos estudios científicos que muestran cómo el consumo de esa droga provoca daño cerebral, especialmente en adolescentes. Su autora es parte del equipo que desarrolló una investigación pionera en escolares chilenos –de todos los grupos socioeconómicos– que eran “consumidores recreacionales” no considerados adictos por la sociedad. Las imágenes cerebrales de los jóvenes  “mostraron que la mayoría (…) presentó una anormalidad en la zona relacionada con la motivación, planificación e iniciativa, lo que se traduce en conductas como: jóvenes desmotivados, sin interés de seguir estudiando ni de terminar sus proyectos. También se encontraron áreas extremadamente alteradas en la zona que se relaciona con el procesamiento de la información”.

Al hablar de Marihuana hablamos de cannabis pero no de cannabinoides, ¿cuál es la diferencia?:

La marihuana proviene de la planta de cáñamo llamada “Cannabis Sativa” y su principal sustancia química psicoactiva, es decir, que tiene un efecto sobre el sistema nervioso central, es el delta-9-tetrahydrocannabinol (THC). El THC es una sustancia muy potente, que tiene el efecto nocivo y adictivo de la marihuana.

La marihuana tiene más de 500 componentes, entre los cuales alrededor de 80 son cannabinoides. De estos últimos, muy pocos han sido estudiados: el  THC, CBD y CBN.  El THC es el cannabinoide más  abundante de la planta y es el responsable de sus efectos placenteros. Del resto de los componentes de la planta se sabe sólo de unos pocos (terpenos, hidrocarburos, cetonas,  aldehídos).  Algunos de ellos son los mismos que se encuentran en el cigarrillo, como el alquitrán, aunque en la marihuana este compuesto se encuentra en una concentración cuatro veces mayor.

Los cannabinoides, en palabras sencillas, serían sustancias que actúan sobre los receptores endocannabinoides. “Endo” porque son propios de nuestro organismo. Es decir, nuestro cuerpo tiene sus cannabinoides, una suerte de farmacia propia, cuya función es regular el stress y las emociones placenteras.

Cuando el cuerpo recibe cannabinoides externos, que pueden ser también sintéticos (remedios que se hacen en laboratorios) o fitocannabinoides (cannabinoides de la planta de la marihuana), se engaña a nuestro sistema endocanabinoide. Así, el sistema comienza a confundirse y reduce sus propios receptores, lo que conlleva a que el sujeto necesite más de la sustancia para alcanzar el placer. De ahí se desencadena el clásico circuito de la adicción.

Los receptores endocanabinoides (puntos negros) se ubican de manera heterogénea en todo el cerebro.

POR QUÉ LA MARIHUANA AFECTA APRENDIZAJE Y MEMORIA

Uno de los estudios más impresionantes al respecto, realizado por más de 40 científicos de varios países, acaba de aparecer en la revista Journal of Neurosciences (enero 2019). Esta investigación, financiada por la Comunidad Europea, entre otras muchas de las instituciones que contribuyeron, se hizo en 46 adolescentes consumidores de marihuana no en grandes dosis. El estudio concluyó que incluso un consumo bajo producía anomalías en la formación del cerebro y que esto generaría disminución de las habilidades de aprendizaje, presencia de mal humor e indecisión respecto al cómo actuar.

Otro gran estudio[1] explica por qué con el consumo de marihuana disminuye la capacidad cognitiva, especialmente la atención y memoria: la principal causa de la disminución de la memoria y aprendizaje es la disminución de las fibras de conexión.  Nuestro cerebro es una inmensa “red de circuitos”, en donde cada área y su respectiva función están interconectadas. Fumar marihuana antes de los 20 años conlleva una disminución de hasta un 80 % de las fibras que conectan el precuneus –la zona del cerebro que coordina información que viene de todas partes del cerebro– con el hipocampo, que es la zona involucrada en la formación de nuevos recuerdos, orientación espacial y memoria.

 

Circuitería cerebral, todo está interconectado. Esta imagen del estudio de Zalesky muestra cómo disminuyen las fibras de conexión entre el hipocampo y el precuneus.

¿Se pueden recuperar las funciones de memoria y aprendizaje afectadas por el consumo de marihuana luego de un mes sin consumo?

Las investigaciones al respecto[2] coinciden en que depende de la edad en que se comience a consumir. El consumo de marihuana antes de los 20 años produce cambios en la estructura misma del cerebro, ya que a esta edad nuestro cerebro se encuentra en proceso de desarrollo y cambio.  El estudio de Meier en 1.037 sujetos que comenzaron a consumir a los 14 años, y a los cuales se los evaluó en tres momentos distintos entre los 14 y 30 años, mostró que aquellos que fumaron marihuana en forma constante durante la adolescencia, perdieron en promedio entre 8 a 10 puntos de coeficiente intelectual (CI). Es decir, en términos de CI, el sujeto que era brillante pasó a ser normal y el normal, bajó a limítrofe. Este es el estudio más grande que se ha realizado sobre el efecto del consumo continuado de marihuana en el cerebro.

Las capacidades mentales perdidas no se restauraron completamente en aquellas personas que dejaron de fumar marihuana en la edad adulta. Sin embargo, aquellos que comenzaron a fumar en la edad adulta no mostraron disminuciones significativas en su coeficiente intelectual. Esto no necesariamente indica que el consumo no haya tenido efectos, ya que el THC es muy dañino a toda edad, sobre todo en la actualidad en que la marihuana tiene al menos 10 veces más concentración de THC que en los años 60, 70 y 80.

La evidencia sobre el daño por consumo es cada vez más aplastante. Acaba de aparecer el estudio más grande del cerebro con 62.454 escaners[3]. Aquí se identificaron factores que aceleran el envejecimiento cerebral, demostrándose que la esquizofrenia, marihuana y alcohol, son los que más contribuían al envejecimiento cerebral.

 

EJEMPLOS DE DAÑOS EN EL CEREBRO A LARGO PLAZO

Los daños van a depender de la cantidad de consumo, la edad y los factores individuales de la persona, por ejemplo, la genética de cada sujeto. Hay mucha evidencia científica respecto al tema marihuana y esquizofrenia. El consumo en personas con vulnerabilidad genética influye directamente en el  desarrollo de psicosis.  Este fenómeno está bastante documentado y estudiado en nuestro país.

La evidencia científica nos muestra la relación entre ciertos trastornos en salud mental y el uso de marihuana, específicamente cuadros de esquizofrenia, trastornos anímicos, ataques de pánico, y también suicidio, los que se gatillarían, favorecerían o empeorarían, con el abuso de esta droga[4].

NUESTRO ESTUDIO

Un estudio[5] realizado por nosotros, evaluó de manera comparativa a jóvenes escolares fumadores exclusivos de marihuana versus no consumidores de ninguna sustancia.  Nos interesó que sólo consumieran marihuana y no otra droga, que jamás hubieran presentado antecedentes de consumo ni consultado a un especialista por problemas de adicción. En definitiva, escolares que no constituyeran aún un problema de salud pública. Se consideró consumidor al alumno que declarara un mínimo de cuatro episodios de consumo exclusivo de cannabis durante el último mes, con una habitualidad mínima de 18 meses. Los jóvenes pertenecían a diferentes realidades socioeconómicas, se tomaron adolescentes provenientes de la educación pública, subvencionada y particular. A todos se les aplicó encuestas de salud, se revisaron sus informes de notas, se les aplicaron tests de inteligencia y pruebas neuropsicológicas que median atención, memoria y concentración.

Las diferencias entre el grupo de control (no consumidores) y el de consumidores fueron muy significativas. Al comparar los test con las imágenes cerebrales (Neurospect) que se tomaron de esos mismos niños, los resultados mostraron que la mayoría de los escolares consumidores presentó una anormalidad en la zona relacionada con la motivación, planificación e iniciativa, lo que se traducía en la práctica en conductas tales como: jóvenes desmotivados, sin interés de seguir estudiando ni de terminar los proyectos que empezaban. También se encontró áreas que estaban extremadamente alteradas en la zona que se relaciona con el procesamiento de la información.

Hay que precisar que los resultados también mostraron diferencias individuales. Si bien todos mostraron anormalidades, los efectos en cada uno podían diferir en cuanto a la magnitud de la zona que se veía afectada, dando cuenta de una susceptibilidad individual. Sin embargo, se encontraron patrones comunes: múltiples áreas absolutamente desorganizadas, tanto en el lóbulo frontal como en los temporales, parietales, occipital y en el cerebelo, área que tiene que ver con la coordinación motora, de ahí la relación entre accidentes de tránsito y consumo de marihuana.

Imagen de cerebro adolescente no consumidor y consumidor. A la izquierda, la corteza cerebral bajo parámetros normales. A la derecha, la corteza de un consumidor: los tonos azul, celeste y verde agua evidencian irrigación deficiente en distintas zonas, producto del consumo sostenido.

Finalmente, nuestros resultados confirmaron lo que la literatura internacional ya había demostrado: que las áreas relacionadas con el aprendizaje, memoria y ánimo, se veían afectadas con el consumo de marihuana.

Este estudio fue el primero realizado en una población no consultante, por ende, en jóvenes invisibilizados, que no se considera que tengan aún un problema de salud. Fuera de los datos duros, lo más relevante fue constatar que los jóvenes escolares no tenían idea del daño que se estaban haciendo, comprobando la baja percepción de riesgo asociada al consumo. El escenario era bastante peor de lo que habíamos imaginado.

Creo que este estudio tiene el mérito de haberse anticipado a una situación que comenzó a hacerse cada año más grave y que nos tiene hoy ostentando el record mundial en consumo escolar, lo que –en los distintos estudios revisados– se ha relacionado con la disminución en la percepción de riesgo.

Al respecto, el estudio realizado en Chile por SENDA (2016), da cuenta de que la percepción de riesgo ha disminuido exponencialmente en los últimos diez años. De esta forma, la percepción de riesgo por consumo “experimental de marihuana” llega al 28,9%, esto es 13,6 puntos porcentuales menos que en 2006. Mientras que el riesgo percibido por “consumo frecuente”, para el mismo período, ha bajado de un 90,3% a un 64,9%. De acuerdo a los diversos estudios internacionales mencionados, estos datos pudieran relacionarse con otro hallazgo registrado por SENDA, respecto al “promedio de días de consumo de marihuana en el último mes” en población de 12 a 18 años, el que en 2016 era de 10,5, comparado con 7,2 en 2006, demostrando así un aumento significativo.

 

REFERENCIAS

[1] Zalesky et al. (2012)  Effect of long-term cannabis use on axonal fibre connectivity. BRAIN, Journal of Neurology, 135; 2245–2255.

[2] Lubman DI et al. 2015; Gilman J., Kuster, J. & al. 2014; Hanson et al. 2010; Meier MH et al.2012, y otros estudios.

[3] Daniel G. Amen, et al. Patterns of Regional Cerebral Blood Flow as a Function of Age throughout the Lifespan. Journal of Alzheimer’s Disease, 2018.

[4] Andréasson S. 1987, Rev. Lancet; Arseneault L. et al.2004 Rev. BMJ; Di Forti M 2014, Rev. Schizophr. Bull ; Batya Swift Yasgur 2017, Rev Lancet, Pasman et al. 2018 Revista Nature; Degenhardt L, et al. 2013  Rev. Addiction.Lev-Ran S et. al. 2014, rev. Psychol Med.

[5] Mena I, Dörr A, et al. Efectos del consumo de marihuana en escolares sobre funciones cerebrales demostrados mediante pruebas neuropsicológicas e imágenes de neuro-SPECT. Salud Ment vol.36 no.5 México sep./oct. 2013.

Ver publicación original: AQUÍ


Por: Elisa Barrientos, comunicaciones Departamento de Psiquiatría y Salud Mental Oriente
Publicado el 13/03/2019